Make your own free website on Tripod.com
 Con aires de fiesta

En las pistas de doma, entre passage y piaffé, el caballo se levanta en un “bot”. Como este, son muchos los movimientos que han pasado de las calles a los cuadrilongos, de la fiesta al deporte y de las estampas a la realidad. Menorca tiene por privilegio al caballo y por costumbre, la tradición. La Doma Menorquina ha heredado este espíritu milenario.

                                       

Cuentan en Menorca, nada más llegar, que los árabes les dejaron un buen legado: la devoción por la figura del caballo, que se traduce en multitud de costumbres, muy arraigadas todas ellas, entorno a este animal. La isla presume de número de ejemplares, de poseer una raza magnífica, de haber conseguido instituir una nueva modalidad hípica y de ser, como poco, recuperadores de la tradición.

Cierto es que el aire de la tramontana, cuando sopla, trae consigo el relincho de un caballo. Que esta tierra balear tiene el mayor número de ejemplares por kilómetro cuadrado de Europa y que sus habitantes sienten al animal como parte de su patrimonio.

El menorquín es defensor de su tierra a ultranza. Y ese afán conservacionista es el que le ha llevado a recuperar la semilla de antiguas tradiciones que plantaron habitantes del medievo y épocas posteriores. Recuerdan los libros, las luchas y juegos entre caballeros, los nombres de las plazas y calles aluden también a ese espíritu ecuestre. No hay persona que encuentre el viajero en su camino que no relate acontecimientos propios de las fiestas de Sant Joan, en Ciudadela, o las de otras localidades. De ellas parte toda una herencia que los menorquines han querido llevar al plano deportivo.

Es este aspecto el que confiere a la Doma Menorquina su verdadera personalidad. Una personalidad que va pareja con la de la Doma Clásica, puesto que las reprises están tintadas de ejercicios propios de esta última disciplina.

 
 

En la pista

 

La entrada al cuadrilongo del jinete de Doma Menorquina supone una alegría para la vista. Va ataviado según los cánones del nuevo reglamento: pantalón y camisa blancos, chaleco, levita, foulard y sombrero menorquín. Aún son bastantes los que no han llegado a adoptar esta manera de presentarse a las reprises más altas del concurso, puesto que los acuerdos sobre el reglamento son recientes y requieren un periodo de adecuación por parte de los aficionados.

En un trote corto, una pirueta inversa o un “bot”, sale a relucir el pasado; la tradición lúdica menorquina. El punto de partida de estos movimientos el la intervención de jinetes y caballos en las manifestaciones festivas típicas de la isla. El animal es el principal protagonista, que sale engalanado a la calle, donde la gente lo jalea. Para defenderse del tumulto, los caballos han sido enseñados a realizar estos ejercicios, que le permiten huir del “barullo”, como se conoce en Menorca.

A la jineta

De ayer a hoy, la forma de montar ha prevalecido a la hora de convertir tradición en deporte. Se monta a la jineta, sujetando las riendas con la mano izquierda. En Menorca, esta modalidad es conocida como “anar de brilla”. Este uso, presente en los torneos y justas medievales, se mantuvo durante los siglos XVI y XVII con el mismo carácter, para luego formar parte del juego. Las cañas, las cintas, la sortija, el estafermo... muchos pueden ser contemplados en las actuales exhibiciones que se realizan en las ferias ecuestres de nuestra geografía.

 
 

En su mayoría, los caballos son domados al principio a dos manos, para que consigan la incurvación necesaria en los ejercicios en pista. Y luego se pasa a una sola, lo que proporciona mayor dificultad a la hora de ejecutarlos con la máxima precisión. Por ello, el jinete, según reglamento, está autorizado a corregir las riendas cada vez que lo requiera, con su mano derecha.

Hoy por hoy, no hay caballo favorito para la práctica de la Doma Menorquina. En la isla, los concursos se llenan de caballos de Pura Raza Española, cruzados y Menorquines. Cual quiera es bueno, según dicen los oriundos, si tiene la capacidad de realizar con corrección los ejercicios que se le piden. Y así lo están de mostrando. Enteros, en su mayoría, entre los que, no cabe duda, hay unos que brillan con luz propia, que alegran la vista del menorquín que los contempla, porque, como decíamos antes, son algo suyo.

En su mayoría, los caballos son domados al principio a dos manos, para que consigan la incurvación necesaria en los ejercicios en pista. Y luego se pasa a una sola, lo que proporciona mayor dificultad a la hora de ejecutarlos con la máxima precisión. Por ello, el jinete, según reglamento, está autorizado a corregir las riendas cada vez que lo requiera, con su mano derecha.

Hoy por hoy, no hay caballo favorito para la práctica de la Doma Menorquina. En la isla, los concursos se llenan de caballos de Pura Raza Española, cruzados y Menorquines. Cual quiera es bueno, según dicen los oriundos, si tiene la capacidad de realizar con corrección los ejercicios que se le piden. Y así lo están de mostrando. Enteros, en su mayoría, entre los que, no cabe duda, hay unos que brillan con luz propia, que alegran la vista del menorquín que los contempla, porque, como decíamos antes, son algo suyo.

 

 

ENTREVISTA CON CRISTOBAL CAMPS,

propietario del C. E."Sa Creueta"

 

ENTREVISTA CON PACO MORLÁ

jinete de doma menorquina

 

FOTOS

 
 

Mi agradecimiento a la revista Ecuestre por permitirme publicar sus artículos

Gracias      (Laura Razquin)